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Resistencia

El lunes 15 de septiembre de 2008, el planeta financiero temblaba con el anuncio de la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers. Cinco años después, este episodio dramático para la economía mundial se ha convertido en el maná de los periodistas ávidos de “buenos ingredientes” para mantener al lector en vilo: efectos de palanca, desastre financiero, ascenso y caída de un jefe atípico.

Es cierto que la trayectoria de Richard Fuld, el hombre de rostro severo que dirigía Lehman Brothers, es especialmente sorprendente. Apenas salido de Harvard inicia su carrera en el ejército estadounidense. En 1967, empieza a trabajar como vendedor de obligaciones y, treinta años después, se encuentra a la cabeza del 4º banco de negocios de Estados Unidos. Temido, adulado y respetado hasta entonces, el potente banquero Richard Fuld se convierte en pocas horas en el “hombre más odiado de Estados Unidos” cuando Lehman Brothers quiebra. Hasta tal punto que el nombre de Fuld ya es indisociable de calificativos poco envidiables como “greedy” (avaro), violento o irresponsable. Las lenguas se disparan y la trayectoria del antiguo piloto  belicoso de la Air Force ya no suscita la admiración de nadie. Las pasarelas del ejército hacia la banca ya no tienen tanto tráfico.

El extraordinario temperamento de su dirigente(1) casi haría olvidar la amplitud del desastre que representó la caída de Lehman Brothers. En el momento de la quiebra, el tamaño del balance del banco era de unos 650.000 millones de dólares, y los equipos responsables de la liquidación necesitarán 5 años para acabar de desenredar la madeja. Por más de una razón, el fallo de Lehman Brothers  quedará en los anales de las finanzas como la fragata “Sémillante” en los de la marina del siglo XIX: como un gran naufragio.

Y, sin embargo… Media década después, si olvidamos la gran cantidad de nuevas reglamentaciones surgidas de la crisis, el “business as usual” ha vuelto al universo financiero: el nivel de beneficios de los bancos estadounidenses es superior al de antes de la crisis, y Wall Street saluda sin ironía la entrada de Goldman Sachs en el índice Dow Jones… Una entrada aún improbable hace dos años, cuando su Presidente Lloyd Blankfein se defendía ante el congreso estadounidense para redimir a “The Firm” por haber desempeñado un papel nefasto en las grandes crisis financieras (subprimes, Grecia) que sacudieron el planeta en los últimos años.

Entonces ¿la crisis no ha servido para nada? Algunos pensarán que los banqueros centrales han sido condescendientes con los bancos, permitiéndoles restablecerse demasiado rápido, y que todo el peso recae en el presupuesto del contribuyente. Los inversores pragmáticos (como nosotros) saben que, sin rescate del sistema bancario la economía no habría podido reactivarse.

Más allá de las posiciones irreconciliables entre los partidarios desenfrenados del “moral hazard”(2) y los inversores pragmáticos, la impresionante resistencia del sistema financiero mundial no nos puede dejar indiferentes. Schumpeter(3) hablaría seguramente de destrucción creadora al constatar que la caída de Lehman Brothers ha permitido al sistema financiero reinventarse dejando que Goldman Sachs saque al Bank of America del índice Dow Jones.

Más allá de esta interpretación económica, el periodo “después de Lehman” también es una manera de recordar a las Casandras que lo peor nunca es seguro. Esta claro que habrá habido que movilizar recursos y energías considerables para volver a erigir una economía quebrada y todavía frágil, pero las predicciones más oscuras de algunos se olvidan tan rápido como los nombres de aquellos que las han pronunciado.

Una de las primeras lecciones de esta crisis (aunque seguro que habrá otras) es que siempre subestimamos la capacidad de reaccionar de los individuos. En los momentos difíciles, hay que acordarse de lo que dijo Mark Twain: «No sabían que era imposible, por eso lo hicieron… ».

 

 

1 Rip out your heart en YouTube
2 Riesgo moral
3 Economista austriaco (1883-1950)